miércoles, 19 de marzo de 2008

La banca internacional, en terapia intensiva

ZURICH.- El Banco Nacional Suizo, junto con la Fed de Estados Unidos y otros bancos centrales, aplican un paquete de medidas para evitar un colapso financiero mundial. Pese a ello el panorama es sombrío. Las secuelas de los 'subprime' rebasan toda expectativa y la salvación de bancos con dinero de los contribuyentes se perfila como una polémica solución.

Durante los últimos meses todo ha sido ajetreo en el interior del sistema financiero internacional.

El término 'subprime' se cuela a diestro y siniestro; gigantes bancarios se declaran en quiebra; los mercados bursátiles se encuentran en un permanente tobogán; y los bancos centrales parecen cada vez más desesperados por encontrar soluciones.

Un panorama inquietante, especialmente cuando comienzan a salpicarlo palabras como 'crisis' o 'recesión'. Pese a ello, es difícil dilucidar cómo y cuánto nos afectará a nosotros.

Sin rodeos: el enfermo -la banca internacional- sigue en terapia intensiva pese al serial de tratamientos que le han sido suministrados desde agosto.

El dinero, la sangre que recorre su sistema circulatorio, es escaso, y sin él, un colapso sobrevendrá irremediablemente.

Esto explica que un quinteto de bancos centrales, el Banco Nacional de Suiza (BNS) entre ellos, se esmere en devolverle la salud a cualquier costo.

Detrás de su empeño hay intereses propios y absolutamente legítimos: el descalabro generalizado de la banca estadounidense supondría un contagio a las instituciones financieras de otras latitudes –también en caso de entidades sanas- y aseguraría la depresión económica más severa desde la Segunda Guerra Mundial.

Indispensable un rescate

La crisis de los 'subprime' provocó falta de pagos: iliquidez.

En la jerga bancaria, liquidez no es sino la capacidad que tiene un activo, instrumento financiero, fondo o depósito, de convertirse de inmediato en billetes y monedas sin perder valor.

Una inversión que puede retirarse cada 24 horas es más 'líquida' que aquella que sólo puede cobrarse cada 30 días.

Sin duda, mientras más tiempo permanezca invertido el dinero, mayor será la prima (tasa de interés).

Y una de las principales tareas de las instituciones financieras es calcular a diario cuánto dinero en efectivo necesitan en caja para cumplir con sus obligaciones (vencimiento de inversiones, pago de cheques, transferencias interbancarias), y cuánto pueden invertir, ecuación vital porque la base de su negocio es justamente invertir los recursos que depositan sus clientes.

Pero a partir del 2007 quedó claro el tamaño que había adquirido el impago de los deudores estadounidenses y cuánto había 'secado' el mercado.

Desde entonces, los bancos disponen de menos dinero del que necesitan para cumplir con holgura sus obligaciones cotidianas. Y a diferencia de su costumbre, tampoco están dispuestos a prestarse recursos entre sí.

Por ello, el grupo de bancos centrales toma la estafeta e intenta el rescate.

El "salvavidas" financiero

En agosto de 2007 tuvo lugar la primera operación de salvamento; en ella participaron la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Canadá (BC) y el Banco de Japón (BJ).

A finales de ese año, una segunda intervención se produjo. Esta vez, el Banco Nacional de Suiza (BNS) se sumó al compromiso.

El tercer 'salvavidas' financiero lanzado por los bancos centrales es el más ambicioso de todos y corrió a cargo de la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra (BI), el BC y el BNS (12.03), que se comprometieron conjuntamente a suministrar 225.000 millones de dólares 'líquidos' a los bancos.

De este total, el Banco Nacional de Suiza aportará 6.000 millones de dólares.

Y este martes (18.03), la Fed anunció un nuevo recorte en las tasas de interés (de 3 a 2,25%). Una medida agresiva que busca acicatear la economía al abaratar el costo del dinero, pero que tendrá un impacto sobre la inflación y que catapultará nuevamente al euro y al franco suizo.

Se agotan las instancias

En este contexto, el BNS ha sentenciado claramente: "Estamos convencidos de que las medidas que se toman son oportunas y, por nuestra parte, seguiremos ofreciendo provisiones al mercado de dólares mientras sea necesario".

El peor escenario contemplaría un dominó de quiebras bancarias y la incapacidad de las instituciones financieras para enfrentar compromisos con sus clientes. Asimismo, la falta de crédito generaría recesión, cierre de empresas y desaparición de empleos.

Una visión apocalíptica que los bancos centrales de los países desarrollados intentarán evitar a toda costa.

En el caso suizo, el banquero central, Jean-Pierre Roth, pone en acción al BNS, pero reconoce también sus temores (17.03) de que la súbita fortaleza del franco (que se convierte en "moneda refugio" junto el euro) afecte el crecimiento de la economía helvética.

Y es que, sobre la marcha, los históricos 225.000 millones de dólares parecen insuficientes. Provocaron la euforia momentánea de las bolsas –el indicador más sensible del sector financiero-, para luego evidenciar que se necesitan nuevas trasfusiones sanguíneas.

¿Los donantes?

John Lipsky, número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI), puso el dedo en la llaga (16.03): "Los recortes a las tasas de interés y la inyección de recursos están bien, pero no serán suficientes".

"Posiblemente, utilizar recursos de los contribuyentes para rescatar bancos privados sea uno de los caminos a explorar".

Ésta será una medida completamente ajena a la ortodoxia, pero dada la gravedad de la situación, destinar recursos públicos –producto del pago de impuestos- para el rescate de instituciones privadas podría ser el único camino que resta.

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